Diploma Superior en Desarrollo, Políticas Públicas e Integración Regional
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Sobre esta carrera
Informacion del programa
La diplomatura analizará, a pocos años de una de las crisis más profundas de la historia argentina, 2001/02, las políticas que pueden ser tenidas en cuenta a partir de la nueva experiencia, así como los avances realizados para una reconstrucción del Estado y de su concepción de gestión. Se trata de elaborar un estudio sobre la generación de una visión estratégica del proyecto nacional, en cuanto al modelo de desarrollo y la integración regional, dando lugar a un marco interpretativo que permita integrar y articular el rol de las pymes, el empleo de calidad y el proceso de reindustrialización en la integración regional, bajo una concepción del Estado y de la gestión asociados al neodesarrollismo y al neoestructuralismo que incorpora los problemas de diseño y arquitectura institucional y de calidad de gestión para el desarrollo productivo y social a nivel regional. El objetivo es reflexionar y realizar aportes al proyecto de desarrollo de mediano plazo vinculándolo a nivel regional con el nuevo diseño del Mercosur productivo y social, articulando de este modo, el modelo de desarrollo productivo nacional con el regional, a través de las políticas públicas necesarias para promover la reindustrialización, el empleo de calidad y el rol preponderante de las pymes, la reducción de las asimetrías regionales, la integración energética y financiera y la participación de la sociedad civil en este proceso. Partimos del reconocimiento de la importancia estratégica que cobra la construcción de las regiones en la etapa de la globalización, al punto de poder decir que no hay nación sin región. Lo cierto es que ya casi no hay casi ninguna cuestión de relativa importancia que no este vinculada o no se tenga que negociar con los países vecinos o con estos con otras regiones. A su vez, se produce, en el inicio del nuevo siglo, un significativo retorno de la problemática del desarrollo, luego de décadas de neoliberalismo y economicismo y de un modelo que llevó al desplazamiento del concepto de desarrollo por el del mero crecimiento definido por el libre mercado. Ese retorno no es como una vuelta atrás, sino como una nueva perspectiva integral e interdisciplinaria del desarrollo concebido como rumbo estratégico y, a su vez, con un enfoque ético de inclusividad. En este sentido, el fracaso del proyecto neoliberal en la región y su dramática implosión en el caso argentino no sólo nos enfrentan con el desafío de crear un proyecto de desarrollo distinto sino, más aún, de reconstruir el tejido económico y social de los países de América Latina. Por ello y en esta línea, señalamos la necesidad de una apuesta por la construcción de un 'regionalismo integral' que articule las dimensiones económica, política, socio-ambiental y ético-cultural, en contraposición del modelo economicista, comercial y librecambista planteado en la década de los noventa y que hoy se encontraría agotado. En consideración a estos dos emergentes, se trata de realizar aquí una apuesta a un regionalismo que se constituye a partir de un nuevo modelo productivo-social que podría otorgarle equidad, identidad y ciudadanía al proceso de integración de los países de América Latina. En este sentido, la apuesta es fortalecer la autonomía de la región y la articulación de los espacios locales, nacionales y regionales, relativizando el atractivo de modelos de integración puramente comerciales y desciudadanizantes, o con aperturas asimétricas que confirmen la tendencia a la inequidad y a la pérdida del control de los destinos nacionales. Esto implica, la recuperación de un Estado activo en el bien común, que asuma una función más decisiva como institución reguladora de los mercados, como promotora de la actividad económica y como garante de de la distribución del ingreso, la mayor igualdad e social, del bien común. Un Estado que direccionalice el desarrollo y el progreso deseable, que asuma un rol concertador con el sector privado y la sociedad civil y que no se limite a la preocupación por el crecimiento del producto, la seguridad jurídica y las reglas de juego, sino que opte por estrategias de reindustrialización, distribución del ingreso, esrategias pro-Pymes tanto industriales, rurales como de servicios, y superación del predominio que han tenido en las últimas décadas la intermediación y especulación financiera así como la concentración sobre la actividad productiva. Las políticas públicas que el bloque ha decidido comenzar a desarrollar y articular en esta nueva etapa del MERCOSUR se encuentran inmersas en profundas controversias tanto a nivel regional como en cada país en particular. Entre ellas podemos destacar las referidas a: -cuestiones de políticas financieras para dar volumen al mercado de capitales y las inversiones, junto con las políticas de desendeudamiento con los organismos internacionales; -cuestiones de políticas comerciales como la eliminación del doblo cobro del arancel y la no obligatoriedad del uso del dólar para las transacciones entre los socios; -cuestiones energéticas referidas a lograr el abastecimiento y el horizonte necesario a través de los recursos petrolíferos y gasíferos de Venezuela y de Bolivia; -de políticas de complementación productiva a partir de mejorar las posibilidades de reindustrialización de los países, el eslabonamiento de las cadenas productivas a escala regional; de tratamiento a las inversiones externas para no permitir enclaves multinacionales extractivos e insustentables, y el mejoramiento de la articulación de las pymes en la producción y la exportación; -las políticas referidas al tratamiento de las asimetrías a partir de la conformación de un fondo en el cual los más grandes aportan para el desarrollo de los más chicos; -las políticas de empleo y la conformación de un grupo regional de evaluación y promoción del empleo de calidad en el aparato productivo de los países miembros; -y por último, las políticas orientadas a aumentar la participación social en el bloque, tanto a nivel de las Cumbres Sociales del MERCOSUR como de los diversos movimientos sociales (insertas en espacios estatales o de movilización y protesta) que intentan colocar en la agenda regional los conflictos en torno al modelo de desarrollo (distribución, concentración y extranjerización, sustentabilidad ambiental, situación de áreas de frontera de la integración, y tratamiento de la IED –papeleras-, democratización e institucionalidad, fomento del empleo y de las pymes, etc.) Desde este Programa en Estado y Políticas Públicas estamos seguros que el contexto postneoliberal, de crisis del pensamiento único, es un momento favorable para la integración que coincide también con la creación de la UNASUR, con una situación geopolítica de mayor franquicia internacional y comercialmente con la modificación de los términos del intercambio y el gran aumento de los precios de las commodities. Lo cierto es que un nuevo paradigma está en construcción a partir de la implosión del anterior neoliberal, de una crisis de hegemonía, configurándose a través de políticas, discursos y masa crítica sobre las grietas de un modelo de dominación que hasta hace poco aparecía como incólume. Es por ello que se requiere dedicar una parte de nuestros esfuerzos mancomunados a reinventar un regionalismo para el nuevo siglo. Uno que, tomando en cuenta los dinámicos cambios en el escenario mundial, el surgimiento de nuevos actores políticas desde los países emergentes o en desarrollo, en un contexto posneoliberal, y de las modificaciones y aspiraciones de sus propias sociedades, reafirme su vocación de encaminar nuestros esfuerzos personales, cooperativos e institucionales en función de una sociedad para todos, como nuevo horizonte del bien común.